Respira. Aquí no tienes que hacer nada.

Cuando puedas con palabras, te dejé esto.

Hola.

Has llegado hasta aquí, y antes que nada quiero que sepas algo: aquí no hay nada que tengas que hacer. Ni leer esto entero, ni estar mejor, ni nada.

Si solo te queda fuerza para una frase, esta, y léela despacio:

No estás roto. No te pasa nada malo. Y no estás solo en esto.

Sé lo que estás sintiendo, o algo muy parecido. Que igual es como si te hubiera pasado un camión por encima. Que el cuerpo pesa, que el pecho aprieta, que hay demasiado ruido dentro y fuera y ya no cabe ni un poco más. Que la cabeza se ha quedado en blanco, como un móvil con mil cosas abiertas que ya no puede ni encenderse. Que a lo mejor ni te sale la voz.

Lo conozco. Yo también he estado justo ahí, más veces de las que me gustaría. Por eso esto no es de boquilla: no te lo estás inventando, no estás exagerando, no es ningún drama. Es tu sistema, que recibió más de lo que podía con él, y se ha cerrado para protegerte. Como un abrazo que tu propio cuerpo se da por dentro.

Y sé que, encima de todo esto, a lo mejor hay una voz dándote la lata. Esa que dice que estás montando un drama. Que deberías poder. Que los demás aguantan y tú no. Que vaya imagen estás dando.

Esa voz no es la verdad. Es algo que aprendiste hace mucho para sobrevivir, para encajar, para que no te dejaran fuera. Hizo su trabajo en su momento, pero ahora solo te aprieta más. No tiene razón, y aquí no manda. Puedes dejarla callada un rato.

Porque aquí no hay que aparentar nada. No hay que poner buena cara, ni sonreír, ni demostrar que lo llevas bien. No hay nadie a quien convencer. Puedes soltar la máscara entera, dejarla en el suelo, y respirar sin ella por una vez. Yo no te miro para juzgarte. Solo me quedo cerca.

Llevas demasiado tiempo sosteniéndolo todo y aparentando que puedes. Aquí lo puedes soltar. No para siempre, solo por ahora. Lo que pese, déjalo en el suelo conmigo un rato.

Esto baja. Quizá no ahora mismo, quizá no de golpe, pero baja. Tu cuerpo sabe volver cuando le das tiempo, igual que sabe respirar sin que se lo pidas. No tienes que tirar de él. Solo dejarlo.

No hay nada que tengas que hacer para merecer estar bien. Ya lo mereces. Tal cual estás ahora, hecho un ovillo, sin fuerzas, sin ganas de nada. Así está bien. Así estás bien.

Un ratito de calma, solo si te apetece

Y si no te apetece, lo dejamos. No pasa absolutamente nada.

Apoya una mano donde notes tu cuerpo. El pecho, la tripa, una pierna. No para arreglar nada. Solo para sentir que hay algo sólido ahí, y que ese algo eres tú.

Si quieres, suelta el aire despacito. Largo, más que al cogerlo, como quien suspira de alivio. [a tu ritmo, sin forzar]

Otra vez, sin prisa. Coges aire sin más… y lo sueltas lento, hasta el final.

Si lo de respirar te agobia, déjalo. Quédate solo con la mano apoyada y con el peso de tu cuerpo sobre lo que te sostiene: la silla, la cama, el suelo. Mira, hay algo sosteniéndote ahora mismo sin que tengas que hacer ni el más mínimo esfuerzo.

No hay forma de hacerlo mal. No hay nada que conseguir. Solo estar aquí un momento.

No hace falta que vuelvas, ni que hagas nada con esto, ni que des las gracias. Pero el día que lo necesites, este sitio sigue aquí. Siempre abierto, a la hora que sea, sin avisar, sin merecerlo, sin pedirte nada nunca.

Tómate el tiempo que necesites. O no te lo tomes. No hay forma de hacerlo mal.

Estoy cerca.

Jade

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